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.: 04.09.2005 :.
Basura Subsidiada
Fuente: EL ESPECTADOR - Juan Pablo Ruiz Soto*
En la conferencia mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro en 1992, los países firmantes se comprometieron a minimizar la producción de residuos sólidos y aumentar las acciones de reutilización y reciclaje. Para todos era y es claro que el Planeta no tiene capacidad para asimilar la creciente cantidad de basura que estamos generando.
En el archipiélago de San Andrés y Providencia está el único intento serio de reducción en la producción de basura en Colombia. Desde 2002, Coralina –Corporación Autónoma Regional para el Desarrollo Sostenible en el Archipiélago–, mediante resolución 329, prohibió el ingreso al archipiélago de vajillas, cubiertos y otros utensilios fabricados en materiales desechables y no retornables como icopor, plásticos y otros no degradables. También prohibió el ingreso de bolsas plásticas para empacar productos en tiendas y supermercados. Los argumentos son: la conservación de la riqueza biótica; la protección de los acuíferos y la recuperación del paisaje y su relación con el turismo.
Problemas similares se viven en todo el país. En La Guajira cada penca tiene dos o tres bolsas plásticas ensartadas, que destruyen el paisaje natural y afectan su potencial turístico. En Cartagena, las playas y los caños están minados de basura que atenta contra la salud humana. Bogotá aún no toma medidas para gravar la producción de basuras, ni obliga a su clasificación en la fuente para su reciclaje y adecuado manejo. Simultáneamente, se enfrentan serios problemas por saturación en “Doña Juana”, lugar donde tradicionalmente se han depositado las basuras de la ciudad.
Una costumbre ambientalmente sana que estamos perdiendo los colombianos es que mayoritariamente tomamos cerveza y gaseosa en envase retornable. Otra de las virtudes de la resolución 329 es que limita el ingreso de bebidas y alimentos en envase o empaque no retornable al archipiélago. Deberíamos prohibir o gravar en todo el país, con altos impuestos, la distribución de bebidas en envase desechable.
Coralina se propone ampliar el programa de educación ambiental a habitantes y turistas. Es evidente que muchos colombianos no tienen ninguna conciencia sobre la cantidad de basura innecesaria que producimos, de los costos económicos de su tratamiento y su negativo impacto social y ambiental. Algunos consideran que usar desechables da estatus y es saludable. Además, copiamos a los norteamericanos y empezamos a usar bolsas de plástico reforzado y de gran tamaño para cargar nuestras compras. Aumentamos el consumo de cerveza y gaseosa en envase no retornable. Cuando vamos al supermercado recibimos plástico por todas partes, incluso con los nombres de los proveedores, que pretenden hacerse propaganda, propagando basuras. Hay una razón detrás de todo esto: estamos subsidiando la basura.
¿Quién dijo que el costo de manejar un desechable termina en la caneca de la casa o en el “camión de la basura”? Allí va en mitad de camino. Una vez en la calle, y si la bolsa de la basura no se rompe y se desparrama la basura antes de llegar al camión, será transportada hasta el “basurero”, paradójicamente llamado “relleno sanitario”. Allí inicia un proceso de descomposición que, asociado a más desechos, genera lixiviados, causando degradación y contaminando acuíferos. Tan grave es el problema, que ciudades como Nueva York ya no tienen dónde depositar y tratar sus basuras y pagan altos precios a Estados vecinos e incluso a otros países para que las reciban.
Por ello, el precio de venta de un desechable debe incluir el costo de su disposición y tratamiento y la compensación por el impacto ambiental negativo que genera. No es posible que sea la sociedad la que siga asumiendo el costo asociado al uso de desechables. Además de invertir en la construcción de “rellenos sanitarios”, debemos definir una estrategia nacional que nos lleve a disminuir a lo estrictamente necesario la producción de basura.
Aplaudo la determinación de Coralina y espero que cada día su aplicación sea más severa, para disminuir la costosa e innecesaria degradación ambiental. No solo el archipiélago debe ser tratado con especial cuidado. El país y el planeta requieren un tratamiento similar.
* Especialista en manejo de recursos naturales en el Banco Mundial. Los puntos de vista aquí expresados, son del autor y no representan ni pueden atribuirse a la entidad para la cual trabaja.
